domingo, 17 de junio de 2012

Ni sumisa, ni cabizbaja, mucho menos hipócrita

Sólo hay 3 cosas en esta vida que no sé hacer, simplemente porque no forma parte de mi estructura:
  1. Ser sumisa: Si bien la cotidianeidad laboral implica en más de una ocasión tener que tragar algunos sapos... eso no va conmigo. Las vicisitudes anteriormente atravesadas en mis precoces pero bastantemente variadas experiencias de vida, me configuraron a ser alguien que, para bien o para mal, difícilmente callará ante el cliente, el jefe o el mismo Presidente. Si ahora quieren que sea así., lo siento, eso es algo que no voy a poder hacer. Pídanselo a otra persona que posea menos carácter y sea capaz de pasar por humillaciones sin emitir palabra alguna. ASÍ NO. 
  2. Agachar la cabeza: Ídem. Los golpes tanto emocionales, como profesionales me convirtieron en una rebelde con causa, capaz de defender mis ideas contra viento y marea. Pero si quieren que por adulación ceda, quiero advertirles que esa tampoco soy yo. Incluso si llego a cometer errores, la frente siempre en alto, eso es algo que lo traigo aprendido desde casa, Y CON ORGULLO.
  3. Poner una cara que no tengo: Si bien el mundo está lleno de Judas y fariseos, mis labios no caen en trémulos gestos para decir que no formo parte de esa vil calaña de personas. No puedo evitar expresar mi júbilo, mi ira, e incluso mi impotencia. Llámenme loca, no me importa, pero el arte del disimulo no fue uno de las virtudes con las que me dotaron el día de mi nacimiento.
No sé ser así.
No puedo.

No sé fingir, no sé adular, no sé mentir, y si lo hago, mis expresiones corporales me delatan.

Lo siento, pero no puedo ser un número más entre la multitud de hipócritas y aduladores que un día dicen ser tus mejores amigos, y al siguiente, con tal de avanzar, te apuñalan por la espalda.

Si este es el mundo laboral del que tengo que ser parte, disculpen señores, pero mis principios no me permiten traicionarme a mí misma para complacer caprichos banales y excentricidades de un gerente petulante, de un cliente incoherente, y mucho menos de un colaborador impertinente.

Gracias, pero no gracias.


miércoles, 23 de mayo de 2012

¿Por qué?

Es un cuestionamiento que constantemente nos planteamos en la vida.

Comparto (?) en esta ocasión el motivo de mi circunstacial interrogante:

Cierta noche de 17 de enero asistí a uno de los mejores conciertos de mi vida, en los que afortunadamente, no sólo terminé viendo a una de las mejores bandas finlandesas y referentes del Cello Rock mundial, sino que también con un intercambio de número telefónico y el sabor de unos nuevos labios chocando con los míos...
Así empezó.

Luego de la acostumbrada retórica del cortejo, hubo acercamientos, más besos... en fin, sabemos perfectamente cómo continúa la trama, por lo que no hace falta adentrarnos en detalles.

¿Por qué remuevo el pasado? Para llegar a estos dos detalles que en un santiamén me llevaron del fuego de la pasión al de la furia y odio descontrolado: al principio parecía ser un amor de persona, pero resultó el más inmaduro de los hombres, al punto de dar por terminada la relación a través del Messenger (¿cómo pio por Messenger? KDGZDIOFGZSVDE). Y lo peor es que 3 meses después de la dura recuperación emocional, vuelve de lo más truhán a preguntarme algo muy incómodo, algo que le había confiado en plena intimidad (eso no se hace en serio).
Termina el último contacto vía SMS diciendo que "siempre le había quedado la duda".

Vuelvo al cuestionamiento: ¿POR QUÉ?
¿Cuál es la necesidad de importunar después de tanto tiempo, y a través del recurso más ruín y bajo?

No termina de producirme tanta cólera lo sucedido que sentí la necesidad de retomar el camino discursivo/divaguero para expresarlo.

Espero simplemente que ni mi a peor enemigo le suceda algo similar.

ENTER.
END.

sábado, 19 de mayo de 2012

Retomar el divague

Dicen que la parte más difícil es reiniciar, así que ahí va...

No recuerdo la última vez que publiqué una nota, en mi disconformidad con la vida y mis desamores encontraba motivos para despotricar diariamente y en extensos volúmenes. En ese aspecto sigo igual, sólo que olvidé cómo hacerlo.

En ese afán de mantener un perfil, perderme en la nebulosa de la rutina y simplemente ser una más... la voz de la rebeldía característica de a poco se fue enmudeciendo con la mordaza de las nuevas responsabilidades.

Mas hoy percibí que es el momento preciso de resucitar al intento de poetisa que dormía dentro de mí.

(Que no quede en intento).